No es lo mismo estudiar que aprender, ni impartir un curso que conseguir capacitar a las personas

 

Muchos formadores no dan la suficiente importancia a esta afirmación. No es lo mismo impartir un curso que conseguir capacitar a las personas con él. Cada día que transcurre tras finalizar una formación en formato pasivo tradicional, se pierde efectividad en la capacitación anhelada. Y, desgraciadamente, este fenómeno es debido al propio funcionamiento del cerebro humano. Esto se produce por más excelente que sea la oratoria del profesor, salga bien valorada la encuesta de satisfacción o los alumnos alcancen altas calificaciones. Incluso los conocimientos adquiridos con matrícula de honor en el curso más interesante y caro de la Universidad de Harvard que nos podamos imaginar, tristemente pueden caer en pocos días en el saco roto del olvido.

El mercado internacional de formación corporativa es de, aproximadamente, 130 billones de dólares. En España, se estima de más de 500 millones de euros. Desafortunadamente, pocas veces esta inversión consigue mejorar el desempeño de los equipos humanos. Lo demostró en febrero el informe Workplace Learning Report 2017 que parte de una encuesta realizada por Linkedin a más de 500 empresas norteamericanas. Pese a que el 80% de los profesionales de L&D afirmaron que el desarrollo de los empleados es prioritario para el equipo ejecutivo e invertían en ello, únicamente el 8% de ellos consiguieron impacto en el negocio de las formaciones realizadas, y sólo un 4% consiguió retorno de la inversión. Estas tasas son tan bajas que despiertan el instinto de alerta de cualquier formador motivado a superarse. Su objetivo es procurar hacer todo lo posible para formar parte de esa minoría que consigue resultados de efectividad.

 

La memoria a corto plazo y el aprendizaje obsoleto

 

El metanálisis publicado por Dunloski en 2013, evidenció que independientemente del tipo de contenidos a aprender, estudiar los días previos a un examen releyendo y subrayando apuntes o haciendo resúmenes, únicamente activa la memoria implícita a corto plazo; así que el aprendizaje tendrá su obsolescencia programada una vez superada la estresante prueba.

Este procedimiento de estudio previo a la prueba nos provoca estrés porque requiere mantener la atención al máximo. Esto ya es una mala influencia para conseguir el recordatorio a largo plazo. Existen en cambio, técnicas de estudio avaladas en su efectividad para conservar los conocimientos aunque pase el tiempo, totalmente distintas a las que se usan para aprobar examenes, y que la tecnología actual combinada con dinámicas motivadoras, pueden facilitar mucho a los formadores poder aplicar. Son las que sumariza la imágen de cabecera de este post, y que podéis profundizar en un post previo.

Sólo reconociendo el problema, se pondrán los medios para resolverlo. Por suerte, van surgiendo formadores que dedican un amplio porcentaje de su tiempo a la labor divulgadora muy bien estructurada. Aprovecho este post para destacar por ejemplo a Jesús Guillén, en su blog Escuelas con Cerebro con especial foco a la formación de niños y adolescentes, y Juan Daniel Sobrado, en su blog complementado con audiopodcasts Learning Legendario. Si conocéis blogs con contenidos para formadores que quieran mejorar su rendimiento, os agradeceré que los compartáis como comentario. ¿Aceptas el reto de conseguir que la próxima encuesta de Linkedin muestre resultados de efectividad significativamente mayores?

 

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