El formato tradicional de impartir formación continuada mediante cursos está tan extendido y arraigado, que parece innecesario cuestionarlo. Sería esperable que, en caso de no funcionar, la simple “selección natural” durante siglos los hubiera corregido o extinguido. No seré yo quien diga pues que los cursos no funcionan, pero cuanto más cosas se sobre los procesos por los que aprende mejor el cerebro humano, más me doy cuenta que la forma como se han planteado desde siempre engloba una serie de “trampas”, que pueden reducir notablemente la efectividad con la que aprende el alumno, ya que conducen el aprendizaje a caer en el olvido.

Voy a describiros 7 aspectos que he identificado al contrastar estas asunciones populares con las conclusiones de estudios científicos sobre efectividad del aprendizaje:

  • Creencia #1: Los cursos capacitan a las personas para que al terminarlos puedan resolver con éxito situaciones que en adelante puedan presentarse en cualquier momento.

La realidad es que una vez terminado el curso, todos esos conceptos tan interesantes que se han aprendido, corren el muy probable riesgo de que en poco tiempo dejen de estar consultables en la memoria del alumno, o se olviden completamente si éste no pasa a utilizarlos con frecuencia, o los repasa periódicamente. Igual que la publicidad tiene muy claro que un único impacto de un anuncio no es suficiente como para modificar la conducta de un consumidor hacia una marca, tampoco podemos esperarlo de un único impacto formativo. Al diseñar un proceso de capacitación el formato de curso (presencial o e-learning) es interesante para que la persona reciba una extensa información sobre un tema, pero esta se debería considerar únicamente la fase inicial de la capacitación, ya que luego hay que “mantener viva la llama” y darle continuidad a ese aprendizaje mediante revisiones periódicas de los contenidos, hasta que se puedan dar por consolidados en la memoria por que la persona es capaz de aplicarlos con agilidad desde su actividad cognitivas subconsciente.

Anécdota personal: Hace unos meses hice un curso sobre contabilidad para emprendedores (8h repartidas en 2 mañanas). El jueves el profesor decidió muy acertadamente empezar la clase preguntando a los 25 asistentes que enumeráramos los temas que aprendimos el martes de la misma semana. Mi gran asombro fue que, por más que el profesor nos lo explicó de forma amena y comprensible, y que todos nos inscribimos al curso voluntariamente con una verdadera motivación por conocer mejor los conceptos contables, en aquel momento no éramos ni siquiera capaces de recordar de que hablamos 48h antes. Afortunadamente el profesor rompió el incómodo silencio general rememorando lo que explicó, y claro, entonces sí que lo rememoramos y fuimos recuperando la memoria a partir de este anzuelo. Pero al finalizar el curso el profesor se alejó de nuestras vidas, y sin tener en mano las fabulosas fotocopias de apuntes que nos entregó, posiblemente no se pueda esperar de ninguno de nosotros que interpretemos un balance de la forma como lo hicimos en los interesantes ejercicios hechos en clase.

  • Creencia #2: Una clase magistral de un profesor muy experto es la formación de mayor calidad que se puede recibir

Que un profesor sea más o menos experto no influye en la rapidez con la que olvidaremos los conceptos que nos enseñe. Más importante que la profundidad de conocimientos del profesor, es que sea capaz de trasmitirlos de forma motivadora, que genere curiosidad en sus alumnos como para generarles ganas de reflexionar y profundizar en el tema por su cuenta. Los grandes expertos son muy útiles para enseñar a otros expertos menos grandes, o para dirigir trabajos de investigación aplicada, pero para formar a las personas, las habilidades docentes y el dominio de las metodologías formativas serán el factor crítico para que los alumnos de un curso aprendan realmente o no. El formato de clase magistral ha demostrado ser ineficaz en múltiples estudios. Las personas sólo somos capaces de mantener breves minutos plena atención a escuchar una charla de forma pasiva.

Tanto niños como adultos aprenden mejor cuando algo se lo enseña un compañero de su mismo nivel (peer-to-peer learning) que cuando lo explica alguien que nos queda más lejano. Este compañero lo va a transmitir con un vocabulario más llano, con ejemplos más próximos y con una confianza que nos permite mejorar la comprensión haciéndole preguntas que no procederían ante un auditorio. Cada vez más empresas optan por las comunidades de aprendizaje y los foros para que por ejemplo sus redes comerciales o sus equipos de call-center de atención al cliente compartan su know-how y contribuyan a incrementar la inteligencia colectiva de la empresa.

  • Creencia #3: Poco se puede aprender si no se es capaz de escuchar al formador bien quieto

Hoy sabemos que para conseguir un aprendizaje más rápido, fácil y duradero, no solamente debemos utilizar la cabeza sino que la gesticulación con movimientos de todo el cuerpo va a tener un efecto sinérgico destacado. Una formación experiencial que nos permita mover los brazos o andar por el aula, mejorará la comprensión y el rendimiento, y no sólo porque impedirá que la clase de sueñecito, sino porque todo lo que mejora nuestra interacción con el mundo exterior aumenta la capacidad de comprender y recordar ese aprendizaje. Cuanto más importante es un mensaje, más gesticula el profesor al enfatizarlo para transmitirlo, y más capta con ello la atención del aula. Los conceptos se guardarán en la memoria de los alumnos unidos a esos gestos y por tanto con un mayor número de conexiones neuronales que faciliten su posterior recordatorio respecto a si sólo hubiera expresado palabras.

La ciencia aún no es capaz de describir con detalle de qué modo mover el cuerpo estimula el trabajo mental, pero sabemos que el ejercicio libera neurotransmisores en el cerebro que hace proliferar a las células cerebrales y aumentan las conexiones entre las neuronas. Todos hemos comprobado que nos va bien levantarnos en cada cofee-break para recuperar la capacidad de atención a las ponencias de los congresos. Se sabe también que las personas que hacen deporte tienen más capacidad de concentración e incluso mayor habilidad para aprender nuevos idiomas. Hay estudios que han comprobado que el e-learning de idiomas escuchando audios mientras se practica deporte amplía la capacidad de la gente para memorizar y tiempo de retención y se consigue comprende y aplicar mejor el nuevo vocabulario. En conclusión, tengamos claro que sentarse durante horas sin moverse no es la mejor forma de aprender.

  • Creencia #4: Los juegos formativos sirven para amenizar curos con sesiones formativas más serias

Cada vez hay más formadores que buscan estrategias para hacer sus formaciones más activas y eficaces, pero mucho mayor es aún el número de formadores que recurren a hacer algún juego, no con este fin de efectividad, sino con el de romper durante un ratito la dinámica de ponencias largas y densas. Se usan mucho los juegos como herramientas de motivación, y de amenizar la jornada, pero si solamente los usamos con este fin, no estaremos poniendo el foco en obtener de ellos el mayor rendimiento posible en cuanto al aprendizaje. Si no le exigimos efectividad al juego formativo, podemos caer en varios errores que se la resten notablemente:

  • como que sus dinámicas resulten estresantes
  • que no generen un proceso de reflexión
  • o que no se contextualice por que unas respuestas son correctas y otras no.

La gamificación consiste en utilizar las dinámicas de los juegos para conseguir que las personas se motiven a hacer cosas que en la rutina habitual pueden resultar muy tediosas, como puede ser ponerse a estudiar algo dedicando horas a clavar los codos. Unas dinámicas bien diseñadas puede conseguir que un juego facilite aplicar las técnicas de estudio más efectivas, y proporcionar una excelente base metodológica formativa a personas técnicas sin conocimientos pedagógicos que necesitan capacitar en la excelencia a equipos comerciales o a equipos de atención al cliente por ejemplo.

Anécdota personal: Cuando yo trabajaba en la industria farmacéutica, la mayoría de veces éramos los product managers o los medical advisors quienes formábamos a las redes comerciales sobre los medicamentos y las patologías en las que estaban indicados. No teníamos conocimiento alguno de los conceptos más básicos en pedagogía, y por tanto nos limitábamos a salir a explicar todo lo que sabíamos en las reuniones de ciclo cuatrimestrales con ellos. Allá va eso… y luego confiábamos que en casa ya se volvieran a mirar por su cuenta la presentación, cosa que casi nadie hacía. Generalmente eran 3 días intensos de “chapa”, y curiosamente surgían muy pocas dudas durante las charlas. ¿Lo entendían todo sin plantear duda alguna? Posiblemente gran parte de ellos estuvieran en la sala solamente plantando allí su cuerpo, mientras que sus cerebros estuvieran dándole vueltas a asuntos personales. Nos extrañaba luego que todo aquello tan estratégico que les explicábamos no lo aprovecharan y aplicaran más en sus visitas a los médicos y que generalmente actuaran por iniciativa propia y simplemente entregaran algún material promocional antes de salir del consultorio. La gamificación de la formación puede ser un gran aliado para alinear a los departamentos de marketing con los de ventas, consiguiendo que los conceptos transmitidos no sean sólo escuchados sino reflexionados por los comerciales, que se mantenga una mayor atención en la sala durante las charlas y que el equipo de marketing reciba feed-back de lo que se ha comprendido bien o lo que no, pudiendo volver a explicar mejor lo que no se haya podido dar por comprendido. Si el juego se plantea una vez terminada la reunión de ciclo, servirá para consolidar bien todos los conceptos transmitidos en la memoria de los usuarios y que los vayan digiriendo e incorporando a su práctica profesional paulatinamente.

  • Creencia #5: La mejor forma de aprender algo es en un curso intensivo de varios días

En formaciones prácticas un curso intensivo puede tener mucho sentido para capacitar a las personas, pero si es importante que se genere recordatorio de datos o aspectos teóricos, como por ejemplo las características de un nuevo producto y su mercado o una normativa, cuanto más dure el curso menos efectivo será el aprendizaje. Se ha demostrado que las mismas horas lectivas son más productivas cuanto más distanciadas estén unas de horas, ya que se recordarán más conceptos y durante más tiempo. El formato de microlearning móvil, que parte de una selección de los contenidos más estratégicos y se exponen en microsesiones de no más de 15 minutos, está triunfando en los ámbitos profesionales debido a que no solamente muestra gran efectividad, sino que además se amolda mejor que los cursos largos al ritmo de vida actual.

Fijaros que recordamos mejor el mensaje de una TED talk que escuchamos durante un trayecto de metro, que cuando alguien nos da una larga charla, entremedio de la cual se nos ha ido recurrentemente el santo al cielo y hemos consultado el móvil decenas de veces.

  • Creencia #6: Obtener una nota excelente en un examen realmente certifica que el tema se domina y se aplicará eficazmente

Cuando un extenso metaanálisis evaluó la capacidad de generar recordatorio a largo plazo de las 10 principales técnicas de estudio, se evidenció que las más frecuentemente utilizadas para superar un examen como releer apuntes, subrayarlos o hacerse resúmenes, son cortoplacistas y su efectividad termina una vez superado el objetivo del examen. En ese momento en que se puede rebajar la tensión se produce una evaluación externa, se inicia un proceso de olvido de lo aprendido, para dejar espacio a lo próximo que será evaluado.

Los exámenes no pueden ser considerados la meta de la capacitación, ya que generalmente lo único que permiten garantizar es que la persona ha leído el temario recientemente y por eso es capaz de superar las preguntas finales de cada unidad. Algo es algo, podemos pensar, pero si no se fomenta que esos contenidos del campus on-line o los apuntes en papel se revisen un mayor número de veces en los meses siguientes, difícilmente llegarán ser aplicados los conceptos impartidos en la formación.

  • Creencia #7: En un curso quien aprende es el alumno

La pirámide del aprendizaje experiencial de Edgar Dale nos muestra en la base inferior que el aprendizaje más activo posible, y que por tanto es el que Dale considera capaz de generar 90% de recordatorio a largo plazo, es enseñar a otros. Para transmitir un buen aprendizaje a sus alumnos o audiencia, el ponente debe prepararse el tema en profundidad, analizando bien lo importante y buscando buenas formas de comunicarlo con efectividad para que la gente lo entienda lo mejor posible. Por este motivo, nadie habrá aprendido tanto de la experiencia de esa clase como el profesor.

Si un responsable de formación corporativa tiene la posibilidad de dividir el temario, y que sean las propias personas que tienen que aprender algo las que presenten su parte al resto de compañeros, estará aprovechando esta estrategia de recordatorio. Puede ser un buen punto de partida para crear una enriquecedora comunidad de aprendizaje.

Conclusión:

Se ha cuantificado que crear cada hora de un curso de formación, requiere al tutor entre 42 y 143 horas de dedicación. ¿No vale la pena entonces que busquemos la forma de que todo ese esfuerzo de los formadores consiga los máximos resultados posible? Para ello bastaría con incorporar al curso algunos elementos que refuercen el recordatorio de los conceptos impartidos:

  • No considerar el examen final del curso como la meta de la capacitación, sino que al terminar el curso, fomentar la revisión periódica de los conceptos, por ejemplo mediante el envío periódico de píldoras formativas breves que vayan repasando lo aprendido en fragmentos breves y relevantes.
  • Plantear juegos tipo quiz como herramientas eficientes de autoevaluación que pueden substituir a los exámenes, especialmente si tienen la posibilidad de realizar repeticiones periódicas personalizadas de los conceptos hasta que se consoliden en la memoria, como hace por ejemplo Trainapp.
  • Fomentar la investigación de los alumnos en aspectos del temario, y que luego los compartan con los compañeros.
  • Procurar que el curso sea lo más experiencial posible, evitando las clases magistrales, sino buscar que las personas participen y se muevan de la silla en diversas ocasiones para mantener su atención.
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